Cuando Haaland se enfada, los rivales pagan el precio.

Erling Haaland volvió a dejar una muestra de su carácter competitivo durante la victoria del Manchester City por 2-0 frente al Porto en la Champions League. El delantero noruego marcó los dos goles del encuentro, pero terminó protagonizando uno de los momentos más llamativos del partido durante los minutos finales.
Después del encuentro, Haaland reconoció a TV2 que quería completar su hat-trick y que un jugador del Porto parecía decidido a evitarlo. El señalado fue Pablo Rosario, quien en el minuto 93 derribó al atacante cuando este avanzaba hacia la portería, aunque la acción se produjo sin que Haaland tuviera el balón.
El episodio no terminó ahí. Mientras intentaba incorporarse, Haaland sujetó la camiseta de Rosario y el defensor llegó a tocarle el trasero. El noruego reaccionó con un gesto obsceno con el dedo, claramente molesto por la situación. El propio delantero había anticipado que las imágenes del incidente serían llamativas.
La escena resume una característica que se ha vuelto cada vez más evidente en el juego de Haaland: su capacidad para entrar en combates físicos y responder cuando los defensores buscan sacarlo de concentración. Siempre ha aceptado este tipo de enfrentamientos, pero durante los últimos 12 meses esa faceta ha adquirido todavía más protagonismo.
Una de las razones puede estar relacionada con la manera en que el Manchester City busca al delantero con balones largos. Esa estrategia lo enfrenta constantemente a centrales de enorme fortaleza física en la Premier League, entre ellos Dan Burn y Gabriel.
Además, Haaland ha desarrollado recientemente una faceta que durante mucho tiempo no fue una de sus principales virtudes: el juego aéreo. Tres de sus cinco goles en los últimos cuatro partidos del City llegaron mediante cabezazos. El propio futbolista explicó que ha estado trabajando específicamente ese aspecto, incluso practicándolo en el jardín junto a su padre.
La importancia de Haaland para los rivales quedó resumida en las palabras del entrenador del Porto, Francesco Farioli, quien después del partido señaló que no podían concederle ni medio metro al que considera el mejor delantero del mundo.
El problema es que esa atención extrema suele traducirse en una cantidad considerable de contactos físicos sobre el noruego. Pep Guardiola ya había advertido sobre esta situación a comienzos de año al señalar que Haaland es, según su experiencia, el delantero que más faltas comete sobre los defensores en comparación con las que recibe de ellos.
Desde su llegada al Manchester City procedente del Borussia Dortmund en 2022, Haaland ha recibido 95 faltas en la Premier League y ha cometido 98. Por eso, su reacción cuando el árbitro del partido contra Porto le pidió que se acercara resultó especialmente significativa: parecía saber exactamente qué iba a ocurrir y no podía creerlo.
La sensación de Haaland es que los defensores tienen un margen considerable para utilizar métodos físicos con él, mientras que las acciones en las que el propio noruego emplea su fuerza suelen recibir una interpretación más estricta. En febrero, por ejemplo, publicó una fotografía enfrentándose a Dan Burn y la acompañó con el mensaje: “Otro día en la oficina”.
Pese a su frecuente participación en este tipo de disputas, hay algo que también diferencia a Haaland: sabe hasta dónde llegar. El noruego nunca ha sido expulsado durante su carrera profesional.
El recuerdo de Shaquille O'Neal
La manera en que los rivales intentan contener a Haaland tiene un paralelismo evidente con la situación que vivió una leyenda de la NBA: Shaquille O'Neal.
Durante su carrera, los equipos rivales recurrían deliberadamente a las faltas contra O'Neal porque el pívot no era especialmente efectivo desde la línea de tiros libres. La estrategia se consideraba un riesgo asumible con tal de reducir su impacto.
Posteriormente, la NBA modificó sus reglas, aunque el cambio tampoco favoreció al legendario jugador. La legalización de la defensa zonal permitió que dos o más jugadores pudieran concentrarse sobre él, aumentando todavía más las dificultades que encontraba.
En el documental Shaq, estrenado en 2022, un antiguo árbitro de la NBA reconoció que los colegiados tuvieron que aprender a manejar la presencia física de O'Neal y admitió que probablemente debieron señalar muchas más faltas de las que realmente le cobraron. En determinadas ocasiones, la frustración también provocaba que Shaq perdiera los nervios y respondiera con agresividad.
El paralelismo con Haaland va más allá del trato físico. Ambos jugadores parecen utilizar precisamente esa dureza recibida como combustible para mejorar su rendimiento.
Haaland ya ha demostrado que una provocación puede cambiar completamente su estado competitivo. El pasado noviembre, después de enfrentarse con el italiano Gianluca Mancini durante un partido de Noruega, recordó que el defensor comenzó a agarrarlo y que aquello terminó sirviendo como motivación. Poco después, Haaland marcó dos goles y su selección ganó 4-1.
El delantero incluso llegó a agradecerle irónicamente al defensor por haberlo motivado.
Las situaciones de este tipo se repiten. Conor Coady recordó cómo el Everton había preparado una estrategia específica para enfrentarlo durante la primera temporada de Haaland en Inglaterra. La idea era ejercer una presión física constante desde el comienzo.
Según Coady, Ben Godfrey golpeó a Haaland en la parte posterior del tobillo apenas unos segundos después del inicio del partido. El delantero cayó al césped, pero poco después se acercó a Coady para preguntarle quién había sido. Cuando recibió la respuesta, quedó claro que el episodio no había terminado.
Aunque aquella acción no fue sancionada oficialmente, Haaland respondió embistiendo a Godfrey y posteriormente celebró delante de él cuando el City marcó el 1-0. La rivalidad se mantuvo durante el resto del encuentro.
El noruego también suele responder con sarcasmo. En 2024, después de un empate sin goles frente al Inter en Champions League, le preguntó a Francesco Acerbi si quería su camiseta, después de que el defensor italiano hubiera permanecido muy cerca de él durante todo el encuentro.
Algo parecido ocurrió la temporada pasada contra Sepp van den Berg, del Brentford. Haaland explicó que el defensor lo había presionado intensamente durante los primeros minutos y que esa actitud terminó despertando su competitividad. El noruego comenzó entonces a responder de la misma manera y terminó marcando el gol de la victoria.
Incluso reconoció que aquella presión le había ayudado porque había llegado al partido sintiéndose algo cansado.
La comparación con Shaq vuelve a aparecer en este punto: ambos pueden atravesar partidos en los que parecen menos dominantes de lo habitual hasta que una provocación física o una situación adversa despierta otra versión de ellos.
Haaland ha tenido actuaciones en las que estuvo lejos de mostrar todo su potencial. Guardiola lo criticó la temporada pasada por no haber competido con suficiente intensidad contra Virgil van Dijk en Anfield, mientras que los aficionados de Old Trafford se burlaron de él en enero después de que Lisandro Martínez y Harry Maguire consiguieran neutralizarlo.
Aquellos partidos coincidieron con el momento en que Guardiola describía al noruego como “agotado”. Ahora, sin embargo, Haaland parece haber comenzado la nueva temporada con una mentalidad diferente.
El propio delantero reconoció después del partido contra Porto que todavía le resultaba complicado dejar atrás emocionalmente el recorrido de Noruega hasta los cuartos de final del Mundial.
Pero cuando aparece ese instinto competitivo, cuando se siente provocado y decide responder, Haaland parece convertirse en una amenaza todavía mayor.
Es precisamente en ese estado donde el delantero noruego resulta más peligroso.





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