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El Barça aprendió a ganar desde el trabajo en Guadalajara. (Copa del Rey).


Guadalajara fue un recordatorio para el FC Barcelona de que la Copa no concede treguas. En su regreso a la competición tras la celebración de La Cartuja, el campeón se encontró con un partido áspero, lleno de trampas y resistencia, ante un Deportivo honesto y valiente que vendió cara su eliminación. Solo en el tramo final, con los goles de Christensen y Rashford, el Barça logró inclinar definitivamente la balanza.


El conjunto de Hansi Flick entendió pronto que defender el título no sería sencillo. El rival se ordenó con inteligencia, defendió con intensidad y no rehuyó el contacto, siempre desde la nobleza. En medio de ese contexto incómodo, el Barça tiró de compromiso y profesionalidad. No fue brillante, pero supo resistir y esperar su momento. Para superarlo, Flick tuvo que recurrir a nombres importantes: Cubarsí, Balde, Pedri, Koundé… Guadalajara podrá decir que el campeón no pasó sin emplearse a fondo.


El Deportivo convirtió el Pedro Escartín en un terreno minado. Pere Martí dispuso una defensa cerrada, casi abrazada a su portero Vicente, y el plan dio resultado. El Barça apenas encontró espacios y, aunque el local no inquietó demasiado a Ter Stegen, logró bloquear el juego ofensivo azulgrana con ayudas constantes y una solidaridad admirable bajo el frío nocturno.


Al Barcelona le costó arrancar. Los cambios en el once ralentizaron los mecanismos habituales. Por la izquierda, Fermín y Jofre no lograron sorprender; por la derecha, Casadó y Bardghji ofrecieron poca profundidad. Lamine, situado como enlace, acabó cayendo al costado derecho, donde se siente más libre, acumulando balón pero sin la claridad deseada. No era una noche sencilla: el partido estaba lleno de obstáculos.


El primer tiempo se cerró sin goles y sin ocasiones claras. Hubo intentos aislados: dos faltas directas de Rashford y Bardghji, un remate lejano de Fermín y un par de cabezazos de Eric cerca del arco. Poco más. Aun así, la grada despidió a los suyos con un ilusionado “Sí, se puede”, soñando con una de esas noches mágicas que solo la Copa permite.


Flick observaba con atención. Ya había sorprendido con la titularidad de Ter Stegen, ausente del brazalete desde mayo, y con decisiones tácticas poco habituales. Casadó fue lateral, Fermín jugó abierto a la izquierda y el plan no terminaba de cuajar. En la grada, Laporta, junto a Deco, Alejandro Echevarría y Masip, intuía que era momento de mover ficha.


Y el alemán lo hizo. Reordenó el ataque por completo tras el descanso: Lamine volvió a la derecha, Bardghji se metió por dentro, Fermín pasó a ser referencia y Rashford ocupó la izquierda. El inglés tuvo dos ocasiones claras de inmediato, ambas desactivadas por un rápido Vicente, sobresaliente en la segunda.


El Barça fue con todo. Entraron Balde y luego Pedri, y el partido empezó a romperse. Cuando el estadio hervía, apareció un protagonista inesperado. Christensen, con la ayuda de Julio, silenció el Pedro Escartín con el 0-1. El Deportivo intentó una última rebelión con un disparo espectacular de Salifo, que exigió a Ter Stegen en su regreso, pero fue su último aliento.


Con espacios, Rashford puso el broche con una definición de calidad. El Barça sufrió por momentos, pero nunca perdió el control. En Guadalajara, el campeón entendió que también hay victorias que se construyen desde el esfuerzo, el oficio y el trabajo constante a pie de obra. VIDEO CORTESIA DEL CANAL DE YOUTUBE Real Federación Española Fútbol INVITAMOS A TODOS NUESTROS SEGUIDORES QUE SE SUSCRIBAN A SU CANAL Y A SUS REDES SOCIALES.


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