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Una noche de sufrimiento que terminó en gloria para el PSG de Luis Enrique.


No quedaba espacio en el calendario ni margen para el descanso, pero sí lugar para otra final. Y allí apareció el PSG de Luis Enrique, decidido a cerrar un 2025 inolvidable con la Copa Intercontinental, aunque tuvo que hacerlo desde el sufrimiento extremo frente a un Flamengo combativo, liderado por Filipe Luís, que se ganó el respeto del mundo.


El equipo parisino no fue la máquina demoledora que arrasó Europa meses atrás. Esta vez ganó apelando a su madurez, a su estructura y a ese intangible que acompaña a los campeones. Incluso sin su gran estrella desde el inicio, Luis Enrique confió en el motor del equipo: Vitinha, João Neves y Fabián Ruiz.


El español estuvo cerca de abrir el marcador muy pronto con un disparo lejano ante un Rossi adelantado, pero el VAR intervino con una imagen quirúrgica para anular la acción por balón fuera. El fútbol moderno, en su versión más milimétrica.


El PSG no bajó el ritmo. Perdió a Kang In-Lee, pero encontró soluciones en Doué, quien rompió líneas por la derecha y sirvió un centro que Kvaratskhelia transformó en gol tras un despeje débil del arquero brasileño.

Cuando parecía que la final tenía dueño, Flamengo volvió a demostrar por qué es un equipo especial. De Arrascaeta olió el error, provocó un penalti y Jorginho no falló. Empate y todo por empezar.


La tensión se apoderó del partido. Luis Enrique buscó desequilibrio con Barcola y Dembélé; Filipe Luís respondió con piernas frescas, incluido Saúl. El PSG empujó sin descanso y estuvo a punto de resolverlo en el descuento, pero Marquinhos, defensor incluso cuando atacaba, salvó una acción decisiva.


La prórroga fue un ejercicio de resistencia. Flamengo aguantó, respondió y hasta inquietó. João Neves y Ndjantou avisaron, Dembélé lo intentó como solo los grandes saben hacerlo, y Nuno Mendes apretó hasta el último segundo.


Los penaltis llegaron sin pedir permiso. Luis Enrique no los quería, Filipe Luís los aceptó. Y allí apareció Safonov, gigante bajo los palos, deteniendo cuatro disparos, incluido el de Saúl. Dembélé falló el suyo, pero ya no importaba.


El PSG volvió a coronarse. Otra copa. Otro golpe de autoridad. Otro capítulo dorado. Es su año. Es su tiempo. Y al frente está Luis Enrique, dueño del mundo.

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