La maldición de los penales vuelve a golpear a Países Bajos.

Aunque Países Bajos acumula una impresionante racha de 16 partidos consecutivos sin perder en tiempo reglamentario ni en la prórroga durante sus últimas tres participaciones mundialistas, esa estadística no se ha traducido en éxitos. La selección neerlandesa continúa sin conquistar una medalla en ese período y, una vez más, vio terminar su camino desde el punto penal, esta vez frente a Marruecos.
La Oranje sigue cargando con la fama de ser una de las selecciones con peor fortuna en la historia de la Copa del Mundo. Además de ostentar el récord de finales perdidas (1974, 1978 y 2010), ahora comparte con España el mayor número de eliminaciones por penales en el torneo. Ya son cuatro derrotas en tandas, tres de ellas consecutivas: en las semifinales de Brasil 2014 frente a Argentina, nuevamente ante los argentinos en los cuartos de final de Catar 2022 y, ahora, en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 contra Marruecos.
La última derrota neerlandesa en un Mundial dentro de los 90 minutos ocurrió hace dos décadas, cuando Portugal los eliminó en los cuartos de final. Desde entonces, el equipo ha evitado perder antes de los penales, aunque esa resistencia no le ha permitido avanzar cuando las definiciones llegan desde los once metros.
Frente a Marruecos, el conjunto europeo parecía tener el partido controlado hasta los minutos finales, pero Issa Diop marcó el empate 1-1 durante el tiempo añadido y envió la eliminatoria a la prórroga y posteriormente a los penales.
En la tanda ocurrió una acción insólita. Bart Verbruggen logró detener el lanzamiento de Soufiane Rahimi en el segundo cobro marroquí, pero el balón quedó detrás del guardameta y terminó entrando en la portería tras golpear accidentalmente su talón, convirtiéndose en un autogol.
A lo largo de su historia, Países Bajos ha disputado nueve definiciones por penales en grandes competiciones internacionales y ha sido eliminado en siete ocasiones. Además de las caídas mundialistas, también sufrió derrotas desde los once metros en las Eurocopas de 1992, 1996 y 2000, enlazando tres eliminaciones consecutivas. Esa racha finalmente se rompió en la siguiente edición del torneo continental, cuando logró superar a Suecia.
La única definición favorable para los neerlandeses en un Mundial llegó en Brasil 2014 frente a Costa Rica. En aquella ocasión, Louis van Gaal sorprendió al sustituir al portero titular antes de la tanda para dar ingreso a Tim Krul, especialista en penales. La apuesta resultó perfecta y el arquero fue decisivo para conseguir la clasificación. Sin embargo, en la siguiente ronda ante Argentina ya no pudieron repetir la estrategia porque habían agotado todas las sustituciones, y volvieron a quedar eliminados desde el punto penal.
Una historia que parece repetirse
En la tanda perdida frente a Argentina hace cuatro años, únicamente Wout Weghorst y Teun Koopmeiners lograron convertir sus disparos. Curiosamente, ambos fueron también los únicos jugadores neerlandeses que acertaron en la reciente definición frente a Marruecos.
Uno de los temas más debatidos tras la eliminación fue la ausencia del capitán Virgil van Dijk entre los lanzadores. El defensor, que había fallado un penalti en la tanda contra Argentina, esta vez no ejecutó ningún disparo.
"Trabajamos mucho los penales durante la preparación, pero claramente no fue suficiente", declaró el futbolista del Liverpool tras el encuentro.
El seleccionador Ronald Koeman decidió confiar uno de los cobros a Justin Kluivert, quien llevaba pocos minutos sobre el terreno de juego.
El desenlace recordó un episodio histórico de su familia. Su padre, Patrick Kluivert, también había fallado un penalti decisivo en la semifinal de la Eurocopa 2000 frente a Italia, cuando estrelló el balón en el poste izquierdo.
Veintiséis años después, Justin repitió exactamente el mismo desenlace. Su disparo también golpeó el poste izquierdo y terminó fuera, contribuyendo a que Países Bajos fallara tres de sus cinco lanzamientos y quedara eliminado.
Con cuatro penales desperdiciados durante una misma tanda, la selección neerlandesa estableció un nuevo registro negativo en la historia de los Mundiales, reforzando una maldición que parece perseguir a la Oranje generación tras generación.





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