La Viking Row: el ritual que convirtió a Noruega en el nuevo fenómeno del Mundial.

Aunque la celebración parece inspirada directamente en los antiguos guerreros nórdicos, la realidad es más compleja. La actual “Viking Row” no es una ceremonia heredada de los tiempos vikingos, sino una creación reciente que combina referencias históricas, cultura futbolística y una estrategia de identidad nacional.
El gesto que hoy realizan los seguidores noruegos en los estadios mezcla elementos de diferentes tradiciones del fútbol europeo del norte. Uno de sus antecedentes más reconocidos es el famoso “Vikings Thunder Clap” de Islandia durante la Eurocopa de 2016, una celebración basada en golpes de tambor acompañados por palmadas sincronizadas que se convirtió en una de las imágenes más recordadas de aquel torneo.
A esto se suma una influencia propia del fútbol noruego: el cántico utilizado por los aficionados del Rosenborg, equipo histórico del país, especialmente en competiciones nacionales y europeas durante 2016. Su repetición profunda de “Shalala oh Rosenborg” tenía una estructura rítmica marcada por la pronunciación de las sílabas “Ro-Sen-Borg”.
Precisamente esa primera sílaba, “Ro”, fue la inspiración para Ole Frøystad. El aficionado imaginó que podía transformarse en una orden relacionada con remar y convertirse en un movimiento colectivo que recordara a los antiguos barcos vikingos.
Así nació una celebración que no procede directamente del pasado medieval, sino de una reinterpretación moderna de símbolos culturales que el fútbol convirtió en espectáculo global.
El debate histórico: ¿realmente los vikingos noruegos remaban así?
Más allá de su éxito como fenómeno deportivo, la “Viking Row” también ha generado discusiones entre historiadores, especialmente en Suecia.
Algunos expertos suecos han cuestionado la relación directa entre el gesto y los antiguos navegantes noruegos. Según esta interpretación, fueron principalmente los vikingos procedentes de la actual Suecia quienes destacaron por utilizar embarcaciones impulsadas por remos para desplazarse por ríos y zonas costeras.
Estos grupos utilizaban sus grandes barcos para avanzar por rutas fluviales que los conectaban con regiones como Bizancio, siguiendo caminos comerciales y militares a través de Europa oriental.
En cambio, los vikingos originarios de Noruega fueron conocidos principalmente por sus grandes expediciones marítimas. Sus viajes los llevaron hasta Islandia, Groenlandia e incluso las costas de América del Norte, utilizando especialmente la navegación a vela en grandes trayectos oceánicos.
Sin embargo, esta precisión histórica también está influenciada por la antigua rivalidad existente entre los países escandinavos.
Noruega, Suecia y Dinamarca comparten una historia llena de enfrentamientos, competencia cultural y disputas por liderazgo regional. Una rivalidad que tiene raíces incluso en la época medieval, cuando todavía no existían los estados modernos y la identidad estaba relacionada más con clanes y territorios que con naciones.
Figuras legendarias como Ragnar Lothbrok, asociado a Dinamarca; Björn Ragnarsson, relacionado con Suecia; o Harald Cabellera Hermosa, considerado un rey noruego histórico, forman parte de ese imaginario compartido.
Con el paso del tiempo, la historia política creó nuevas diferencias. Noruega estuvo bajo dominio danés durante aproximadamente cuatro siglos, desde 1380 hasta 1814, antes de pasar a la influencia sueca hasta alcanzar su independencia en 1905.
Por otro lado, Suecia y Dinamarca protagonizaron numerosos conflictos durante los siglos XVI, XVII y XVIII por el control del mar Báltico y del estrecho de Öresund.
Actualmente esas disputas han quedado transformadas en bromas y rivalidades deportivas, aunque todavía existe cierta competencia entre vecinos. Los éxitos internacionales de Noruega en deportes de invierno y ahora su protagonismo futbolístico generan admiración, pero también cierta frustración en sus antiguos rivales regionales.
¿Por qué Noruega abraza el mito vikingo mientras Suecia y Dinamarca lo miran con más distancia?
La manera en que cada país escandinavo interpreta su pasado vikingo está relacionada con su propia historia nacional.
Noruega ha convertido esa época en un elemento central de su identidad porque representa uno de los pocos momentos históricos en los que fue protagonista internacional y no estuvo sometida al dominio de otras potencias.
El Museo de Barcos Vikingos de Oslo es una de las principales referencias culturales del país y forma parte de una imagen turística basada en la idea de Noruega como tierra de exploradores y navegantes antiguos.
Pero la situación es diferente en Suecia y Dinamarca.
Durante una visita a Gotland —una isla cuyo nombre significa literalmente “tierra de los godos”— se observa una curiosidad: pese a la presencia de numerosos restos arqueológicos relacionados con los vikingos, como antiguos barcos funerarios de piedra escondidos entre la vegetación, existe una menor explotación cultural de ese pasado.
Incluso en algunos espacios históricos donde se representan diferentes etapas de la vida sueca desde la antigüedad hasta el siglo XIX, la época vikinga no ocupa un lugar destacado.
La explicación tiene varias razones.
Una de ellas es que símbolos como las runas, el martillo de Thor y otros elementos de la cultura nórdica fueron utilizados durante décadas por grupos extremistas y movimientos etnonacionalistas en Europa.
Debido a esa apropiación política, algunos países han tratado esos símbolos con mayor cuidado para evitar asociaciones equivocadas.
Suecia, por ejemplo, ha construido gran parte de su identidad moderna alrededor de valores como el bienestar social, la innovación, el diseño, la neutralidad y el progreso. Una imagen muy alejada del aspecto guerrero y conquistador asociado a los antiguos vikingos.
Dinamarca mantiene una relación algo diferente. Allí elementos como los barcos vikingos de Roskilde tienen una importante presencia turística y cultural.
Sin embargo, la identidad danesa actual está más vinculada a símbolos como la monarquía, el diseño y el concepto de “hygge”, una idea relacionada con la comodidad, la tranquilidad y el bienestar cotidiano.
Esa visión moderna contrasta con la imagen tradicional del vikingo como guerrero armado, conquistador y protagonista de batallas.





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