Mataró explotó de emoción con el Mundial de su hijo predilecto, Lamine Yamal.

A pocos kilómetros de Barcelona, Mataró, la ciudad donde creció Lamine Yamal —aunque nació en Esplugues de Llobregat—, vivió una jornada inolvidable durante la final del Mundial entre España y Argentina. Los 120 minutos de partido estuvieron marcados por la tensión, los nervios y, finalmente, una enorme celebración que inundó las calles tras el título conseguido por la selección española.
Desde varias horas antes del inicio del encuentro, el ambiente ya era especial. En los alrededores del Parc Central, aficionados de todas las edades comentaban las posibles claves tácticas del partido mientras bares y restaurantes se preparaban para una noche que prometía prolongarse hasta la madrugada. La llegada de barriles de cerveza, bebidas y reservas para conseguir un buen lugar frente a las pantallas dejaba claro que la ciudad estaba lista para vivir una cita histórica.
Con el paso de las horas, las calles comenzaron a llenarse de camisetas de España y del FC Barcelona, especialmente las de Lamine Yamal. También abundaban las de otros futbolistas muy queridos por la afición, como Marc Cucurella, Pedri, Nico Williams, Ferran Torres y Martín Zubimendi. Muchas familias optaron por instalar sillas plegables o mantas sobre el césped para seguir el partido cómodamente, mientras otros improvisaban pequeños pícnics bajo la sombra de los árboles.
Cuando el autobús de la selección apareció en las pantallas gigantes, el momento más celebrado fue la imagen de Lamine Yamal descendiendo del vehículo. El público respondió con una larga ovación hacia el futbolista que representa el orgullo deportivo de la ciudad.
Mientras tanto, numerosos periodistas nacionales e internacionales recorrían el parque buscando testimonios de aficionados vestidos con la camiseta del joven atacante español. El Ayuntamiento recordaba que el Parc Central se había convertido en un escenario especial para la selección, ya que todas las retransmisiones importantes organizadas allí habían terminado con victorias de España, desde la final de la Eurocopa 2024 hasta la reciente semifinal frente a Francia.
Con la caída del sol, miles de personas ocuparon la explanada frente a la pantalla gigante de seis por tres metros. La música, una charanga improvisada y el entusiasmo de los asistentes acompañaron la larga espera hasta el comienzo del encuentro.
Durante la ceremonia previa, el himno de Estados Unidos fue recibido con silbidos por parte del público, al igual que la interpretación del himno argentino, aunque algunos aficionados de la Albiceleste presentes en el lugar vivieron el momento con respeto.
El inicio del partido despertó inmediatamente la ilusión de los asistentes gracias a las primeras acciones de Lamine Yamal. Cada avance del extremo era celebrado con entusiasmo, aunque el apoyo iba mucho más allá del futbolista local. También fueron muy aplaudidas varias acciones de Marc Cucurella, cuyo disparo antes del descanso levantó a buena parte del público.
El empate sin goles al finalizar la primera mitad no redujo la asistencia. Todo lo contrario. Aunque inicialmente se esperaba una afluencia cercana a las 5.000 personas, la cifra terminó superando las 10.000, según el balance ofrecido posteriormente por el Ayuntamiento de Mataró.
Durante el segundo tiempo, la tensión fue creciendo. Las jugadas de Lamine Yamal levantaban olas de entusiasmo entre los asistentes, mientras cada decisión arbitral desfavorable para España era recibida con protestas. La entrada de Pedri provocó uno de los cánticos más repetidos de la noche y los seguidores también ovacionaron las actuaciones de Pau Cubarsí, Mikel Merino y, especialmente, Unai Simón, cuya gran intervención en los minutos finales fue celebrada como si se tratara de un gol.
La expulsión de Enzo Fernández alimentó todavía más la ilusión de los aficionados. Poco después, el gol anulado a Nico Williams desató una celebración que tuvo que frenarse rápidamente, aunque las bengalas y los fuegos artificiales ya comenzaban a iluminar el cielo.
La explosión definitiva llegó en el minuto 106, cuando Ferran Torres marcó el tanto que decidió la final. El Parc Central estalló en una celebración multitudinaria entre abrazos, petardos, bengalas, cánticos y camisetas agitadas al aire. Muchos seguidores pasaron a considerar al delantero como el gran héroe de la noche.
Durante los minutos finales, la afición acompañó cada posesión española con gritos de "olé", mientras esperaba el pitido definitivo. Cuando el árbitro señaló el final del encuentro, la euforia fue absoluta. Dieciséis años después del primer Mundial, España volvía a conquistar el título y Mataró celebraba el éxito como si fuera propio.
Tras la ceremonia de premiación, los aplausos volvieron a centrarse en Lamine Yamal, aunque también hubo nuevos abucheos dirigidos al presidente estadounidense Donald Trump durante la entrega del trofeo. Una vez Rodri levantó la Copa del Mundo, gran parte de los asistentes abandonó el parque para recorrer las calles de la ciudad en coches y motocicletas haciendo sonar las bocinas durante buena parte de la madrugada.
Las celebraciones coincidieron además con el inicio de la Festa Major de Mataró, una festividad que se prolongaría durante varios días. Muchos vecinos expresaron su deseo de que Lamine Yamal regresara próximamente a la ciudad para compartir el título con quienes lo vieron crecer y convertir aquella histórica noche en un recuerdo aún más especial.





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